Los primeros dientes en los bebés

Los primeros dientes en los bebés

La aparición de los primeros dientes de los bebés es una experiencia maravillosa, y una de las señales esperadas por los padres para ver como su bebé va creciendo.

No todos los bebés tienen los primeros dientes a la misma edad, pero en general empiezan a brotar entre los cuatro y siete meses. Algunos bebés pueden tardar un poco más o incluso nacer con algún diente (diente congénito). Estos dientes requieren atención médica cuando causan problemas para comer, o si están muy flojos y pueden caerse y provocar ahogamiento.

Cuando no han aparecido los dientes en el momento esperado, especialmente si ya ha cumplido los 12-14 meses, el pediatra puede valorar si existe algún problema o si se trata de algo normal.

Aunque puede haber excepciones, en general los dientes siguen un orden característico. Aparecen primero los incisivos, propios para comer verduras y frutas; y posteriormente los caninos y los molares, útiles para cortar y masticar la carne.

 

primeros dientes

 

Habitualmente, para los tres años, la mayoría de los bebés ya tienen sus veinte dientes de “leche”.

Muchos bebés tienen algunas molestias con la aparición de los dientes. Son frecuentes hinchazón de las encías, irritabilidad, fiebre leve. Algunos bebés tienen problemas para comer o para dormir.

Podemos ayudarles con un poco de masaje, utilizando un dedo limpio o cubierto por una gasa, o un cubito de hielo también cubierto en gasa. Otra manera es con el uso de la mordedera o algún juguete que puedan morder con seguridad (lo suficientemente grande y resistente para evitar riesgos de asfixia). En general hay que evitar las mordederas congeladas, pues pueden estar demasiado duras para el bebé.

El tomar alimentos fríos, como puré de manzana, o yogurt, o algunos alimentos como galletas cuando ya toman sólidos, pueden contribuir a aliviar sus molestias.

También existen algunos medicamentos untados o tomados que pueden ayudarles, pero se sugiere pedir el consejo médico, pues se han dado casos de intoxicaciones, o metahemoglobinemia.

Igualmente debe acudirse a consulta si se presenta hinchazón exagerada de las encías, sangrado, o fiebre persistente. Es también posible que los niños, en su afán de llevarse objetos a la boca, puedan adquirir alguna infección y empezar con diarrea.

No debemos olvidar que los dientes de los bebés, incluyendo los primeros dientes, deben mantenerse limpios para evitar la aparición de caries. Para ello podemos usar un cepillo de cerdas suaves, con agua, y sin necesidad de pasta de dientes.

También podemos ayudar a nuestro bebé manteniendo su carita limpia de saliva, para evitar irritación y dermatitis.

Uso de la Andadera en la Infancia

Uso de la Andadera en la Infancia

La andadera es una de las dispositivos tradicionalmente recomendado por amigas y vecinas. Es muy común que se sugiera para que nuestro bebé “camine más rápido”.

La andadera es un dispositivo que se creó con la idea de ayudar a aquellos que no podían caminar por algún problema físico o psicomotriz. Posteriormente se empezó a utilizar para colocar al bebé mientras el cuidador realizaba otras actividades, como cocinar, limpiar la casa, etc.

Actualmente se promocionan, incluso comercialmente, las andaderas como una herramienta que nos ayudará a que nuestro bebé camine más rápido. Consta de un asiento, generalmente acolchado, que descansa en un soporte con ruedas. Muchas tienen accesorios como juguetes, música, frenos, etc.

 

DESVENTAJAS

A pesar de su popularidad, en realidad la andadera no es útil para el bebé sano, e inclusive puede ser perjudicial. El bebé normal no requiere de ningún dispositivo para aprender a caminar. Sin la andadera puede desarrollar la fuerza de sus extremidades, reconocer su cuerpo, dimensiones y la relación con los objetos que lo rodean, y adquirir seguridad y confianza al valerse por sí mismo para moverse.

Desafortunadamente la andadera además de impedir estos beneficios, puede además ser perjudicial. Incrementa el riesgo de accidentes, pues da una movilidad al niño mayor a la que puede controlar.

Favorecen caídas de escaleras, en albercas o escalones, golpes, contacto con objetos que le pueden caer al niño o son peligrosos o venenosos. Desafortunadamente los padres no pueden evitar estos accidentes, pues el bebé puede moverse hasta un metro por segundo, impidiendo acudir en su ayuda a tiempo.

Algunos países han optado por recomendar no utilizar las andaderas, como los Estados Unidos, o inclusive prohibirlas, como Canadá.

El punto clave es recordar que la andadera no ayuda a caminar más rápido, y antes al contrario, puede retrasar el equilibrio y la coordinación. Impone una postura que no es eficaz al pararse, y el niño aprende a “patinar” con los pies en lugar de moverlos como sería si caminara.

Recordemos entonces que la mejor manera de ayudar a nuestros niños a caminar es asegurarnos que lleven un desarrollo correcto, que primeramente se sienten bien y empiecen a pararse, y una vez logrado esto, estimularlos con cariños, piropos, felicitaciones, u ofreciéndole alguno de sus juguetes favoritos.

De esta manera inclusive podremos convivir e involucrarnos más con el desarrollo de nuestro niño, asegurándonos de primera mano que aprende lo necesario para su vida futura.

 

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